Ir al contenido principal

Sigue a Zanamentes y recibe en forma gratuita todas las novedades en tu correo electrónico

La ventana del alma

Sanar el dolor del alma
¿Cuántas veces queremos encontrar el botón mágico que solucione nuestros problemas en los momentos de crisis? En épocas de comprimidos para el alivio inmediato del dolor, transitamos nuestra vida buscando respuestas lineales a realidades entrelazadas.

Desde el sopor de la quietud, anhelamos un “golpe de suerte” que gire nuestra barca en una dirección opuesta a la del viento. Al parecer, esto no es más que una ilusión que nos mantiene a flote, pero sin remarla.

En este juego de azar, somos una especie de accesorio del destino, una botella en el mar pero sin mensaje. Nos gobierna la voluntad ajena, y nos conformamos con sobrevivir o, simplemente, con no tener sobresaltos. Tentados por el dios de la comodidad, transcurrimos los valiosos años de nuestra vida con la impresión que nos da una mala fotocopia. Quisiéramos recargar las tintas, pero no sabemos en qué ni cómo.

Sin embargo, hay algo dentro nuestro que no se rinde ante la adversidad. Nunca es tarde, porque tarde es cuando nunca; y bien sabemos que la posibilidad realizada es lo que ocurre cuando estamos en carrera, más que cuando llegamos.

Es la proyección hacia el futuro de un pasado en el presente lo que nos hacer ser. En este despliegue, nos constituimos en la espontaneidad existencial, arrojándonos a lo imprevisto, y sin pensarlo tanto. Como dice el maestro Charly García en su canción “Desarma y sangra”: “pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma; desarma y sangra”.

Desarmar un poco nuestras defensas y animarnos a enfrentar al dolor para hacer algo con lo que tenemos y lo que somos. Éste es nuestro mayor baluarte: ver qué nos dice el dolor del alma, cuál es su mensaje encriptado, ésa es la cuestión.

No por casualidad los griegos nombraban a la “personificación del alma” como psyche. Nuestra mente es la ventana de nuestra alma. Desde dentro, miramos a su través lo que ella nos permite ver.

Los saluda,

Lic. Agustín Sartuqui. 

Comentarios

Publicar un comentario

Comentarios del lector

Entradas populares de este blog

Encontrar un equilibrio inestable

En esta sociedad de la inmediatez y la exigencia constante, son muchos los vectores que apuntan en nuestra dirección y nos demandan una respuesta que excede nuestra capacidad de resolución inmediata. Caminamos sobre una línea delgada entre la perfección y el fracaso, sin tener en cuenta que en el intermedio existen alternativas que nos ubican en un equilibrio inestable, de esos que necesitan de un continuo movimiento para mantenernos de pie. Parar la pelota y reflexionar sobre lo que nos pasa, es ubicar las cosas en su lugar. Dentro de este lugar que nos arrasa, hacernos un espacio es imprescindible. Si bien tal acto tiene sus costos, cuanto más lo demoremos, más fuertemente aparecerá esa pregunta que nos invita al cambio de sitio. Lo hará en forma intempestiva y cobrándose los intereses que nos demanda el paso del tiempo.  Por otro lado, no se trata de estar sólo a la defensiva. También podemos visualizar nuestro futuro, por más que el pasado y el presente nos inviten a lo contrario.

Dejarnos interpelar por lo que emerge

En el continuo ejercicio de la técnica humana, solemos olvidar que estamos sujetos a las iniciativas, proyectos e ideas que sobrepasan lo que la rutina nos demanda. En el instante en que acusamos recibo de nuestro deseo, adviene a nuestro ser esa necesidad imperiosa de salirnos de la caja mental que nos moldea, abriendo otros caminos que le dan paso a nuestra singularidad. Trascender lo cotidiano, es crear nuevos mundos con el afán de alojar ese excedente de vida que nos hace vibrar, y que nos mueve a actuar con determinación en los tiempos de crisis. En ese contexto, no sería sorpresivo que los espacios de siempre nos queden chicos, y que necesitemos ampliar nuestro campo perceptual para mirar más allá en la geografía de nuestro mundo interior. “Salirnos de la caja”, es también dejar la seguridad de lo conocido y aceptar esa cuota de incertidumbre que todo cambio acarrea. Al tomar esta decisión, estaremos abiertos para disfrutar de un proceso que se hace placentero en sí, y cuyo resul

Una verdad arrasadora

No existe nada permanente a excepción del cambio. Es una verdad que ya los griegos habían advertido con Heráclito, quien hizo célebre la frase “nadie se baña en el mismo río dos veces”. El acto de pensarnos en forma constante es un ejercicio que se conquista en la actitud de mirarnos sin prejuicios, examinando cada rincón de nuestro ser en aras de salir de los enredos y hacer frente a los desafíos que la vida nos presenta. Esta aventura hacia la conquista de una reflexión radical, tan de la mano con la actitud filosófica del pensador griego, se inicia allí donde abandonamos el saber estático e inmutable. En otras palabras, esa imagen de lo que creemos ser a priori para dar lugar a lo que nos sorprende y nos permite construir nuestra verdad a posteriori . Una verdad arrasadora que rompa con los estereotipos que nos impiden evolucionar y dar lo que está a nuestro alcance en cualquier circunstancia y sin los tapujos de la autocensura.  En este contexto, ¿Cómo podemos ejercitar la imagina