Hoy hablaremos sobre el perfeccionismo, una modalidad que, ante las demandas sociales, familiares y culturales, tendemos a incorporar en nuestra rutina, al punto de confundirla con nuestra forma de ser. Definimos al perfeccionismo como la tendencia a querer alcanzar resultados “sin fallas”, replicando con exactitud lo que nos habíamos propuesto en nuestra mente. Por medio de este resultado, esperamos el reconocimiento y la valoración del otro. Partimos de la premisa de que, “si lo que hago es valorado, entonces soy valioso”. De alguna manera, medimos nuestra autoestima con la vara de la excelencia, y con la imagen que los demás reflejan de nosotros. Supuestamente, esa meta nos va a completar al punto de cancelar nuestro deseo (imaginemos que todos nuestros deseos se “cumplen” y estamos completos, ¿qué queda luego?). El problema de esta tendencia es el sufrimiento que conlleva, ya que la perfección, en cuanto ideal, es un imposible. Estructuralmente, el ideal nos muev...