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Lic. Agustín Sartuqui

Encontrar un equilibrio inestable

En esta sociedad de la inmediatez y la exigencia constante, son muchos los vectores que apuntan en nuestra dirección y nos demandan una respuesta que excede nuestra capacidad de resolución inmediata. Caminamos sobre una línea delgada entre la perfección y el fracaso, sin tener en cuenta que en el intermedio existen alternativas que nos ubican en un equilibrio inestable, de esos que necesitan de un continuo movimiento para mantenernos de pie. Parar la pelota y reflexionar sobre lo que nos pasa, es ubicar las cosas en su lugar. Dentro de este lugar que nos arrasa, hacernos un espacio es imprescindible. Si bien tal acto tiene sus costos, cuanto más lo demoremos, más fuertemente aparecerá esa pregunta que nos invita al cambio de sitio. Lo hará en forma intempestiva y cobrándose los intereses que nos demanda el paso del tiempo.  Por otro lado, no se trata de estar sólo a la defensiva. También podemos visualizar nuestro futuro, por más que el pasado y el presente nos inviten a lo contrar...

Una verdad arrasadora

No existe nada permanente a excepción del cambio. Es una verdad que ya los griegos habían advertido con Heráclito, quien hizo célebre la frase “nadie se baña en el mismo río dos veces”. El acto de pensarnos en forma constante es un ejercicio que se conquista en la actitud de mirarnos sin prejuicios, examinando cada rincón de nuestro ser en aras de salir de los enredos y hacer frente a los desafíos que la vida nos presenta. Esta aventura hacia la conquista de una reflexión radical, tan de la mano con la actitud filosófica del pensador griego, se inicia allí donde abandonamos el saber estático e inmutable. En otras palabras, esa imagen de lo que creemos ser a priori para dar lugar a lo que nos sorprende y nos permite construir nuestra verdad a posteriori . Una verdad arrasadora que rompa con los estereotipos que nos impiden evolucionar y dar lo que está a nuestro alcance en cualquier circunstancia y sin los tapujos de la autocensura.  En este contexto, ¿Cómo podemos ejercitar la ima...

Una morada de lenguaje que nos aloje

  Los “errores” son un trago difícil de digerir. Nos ubican en una sensación de vulnerabilidad que contrasta con lo que reflejamos en el espejo de los ideales; esa identidad que construimos basándonos en interpretaciones de las vivencias que nos atraviesan. Sabemos muy bien que no es fácil reponerse cuando lo real hiere nuestra fibra más sensible, aquella alrededor de la cual erigimos una coraza para permitirnos vivir la cotidianeidad con cierta estabilidad emocional. ¿Nos preguntamos si aquello que se derrumba es de algún modo algo que tenía que caer? ¿Una oportunidad para reconstruirnos de una forma más auténtica en acuerdo con nuestro deseo? La tentación de escapar a esta pregunta y refugiarnos en lo conocido es muy fuerte. Es así que, como un acto reflejo, nos urge la necesidad de revestirnos con aquello que nos da seguridad. Si miramos las “derrotas” como una oportunidad, existen muchas variables que se prestan a un replanteo radical. En primer lugar, podemos evaluar si qu...

La historia no es una fotografía

Las heridas que nos marcan en el tránsito de la vida pueden ser un punto de partida donde nuestro pasado ya no es un mero recuerdo sino una marca que se hace actual a través de la cicatriz que nos surca. Desde esta marca es que podemos interpretar sus huellas, reconstruir nuestra historia y elaborar un aprendizaje que nos oriente para desasnarnos de lo que se repite una y otra vez en nuestra vida. Trascendiendo el enojo y la tristeza con el propósito de escuchar lo que ellas nos dicen en lo profundo, podremos interpelar las heridas para disponernos a transitar el mañana con la avidez de avanzar hacia nuevas experiencias. La historia no es una fotografía que inmoviliza los hechos una vez que éstos acontecen. Es en este sentido que tampoco las cicatrices poseen un significado unívoco que nos condena a un único destino. Entre el estímulo y la respuesta, está nuestro acto de lectura e interpretación de esas marcas; testimonios de sucesos que alguna vez nos dolieron, y que hoy nos piden...

El flow y la amistad

En esta ocasión, haré alusión a una sensación que todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas; aún sin saberlo. Me refiero a la sensación de flow . No es un concepto novedoso ni algo inventado por mí. Este término resguarda varias definiciones en el ámbito académico de las cuáles no me voy a ocupar en este posteo. Más bien, mi propósito es hacer foco en lo que representa el flow para mí basándome en experiencias personales. En primer lugar, entiendo que la sensación de flow tiene lugar cuando podemos disfrutar de algo que nos interesa a tal punto que las dimensiones del tiempo y el espacio se flexibilizan para alojar a nuestro deseo. Pueden pasar horas, minutos o segundos sin que éstos puedan ser distinguidos entre sí, ya que en el estado de flow el sujeto está tan compenetrado con su objeto de abordaje que no posee la distancia suficiente como para percibirlo y conocerlo “objetivamente”. Desde esta postura, en el flow se trascienden los estándares propuestos e...

Transitar el tiempo de una manera distinta

  ¿Qué es lo que pasa por nuestra mente cuando sentimos que estamos en deuda con las metas que diagramamos en nuestra juventud? ¿Resulta haber un tiempo indicado para hacer las cosas? ¿O nos estamos excusando con la edad para no darle vida a nuestro proyecto? En lo personal, creo que los propósitos que nos planteamos en la vida tienen dos dimensiones. Una dimensión es la objetiva, la que nos permite ver y palpar nuestro deseo hecho realidad y exteriorizado frente a los demás. La otra es la subjetiva, más relacionada con la abstracción del deseo, es decir, con la esencia de un anhelo profundo que se puede plasmar en forma concreta de varias maneras. Por ejemplo, la necesidad de ser amado puede ser el correlato subjetivo del inicio de una nueva relación sentimental, del reencuentro con un amigo que nos hace bien, o de adentrarnos en un viaje de placer junto a nuestros seres queridos. Como se verá, cuando tomamos el lado objetivo como única opción, nuestra estrechez mental no no...

La rígida máscara de la identidad

  La concreción de lo posible depende en una parte del azar, pero más que nada de un trabajo sobre sí mismo que no le incumbe a nadie más que a quien lo efectúa. La mayor parte de esta labor sienta sus bases en nuestra predisposición para con el cambio, la cual nos permite estar abiertos a lo nuevo, a lo que no encaja y se nos presenta como una oportunidad para crecer. No es un mero “voluntarismo” el que se propone; es un reenfoque de nuestra mirada frente a los condicionamientos que sabotean nuestro bienestar. Desde la incomodidad que nos provoca nuestra situación actual, varias son las opciones y variadas son las formas de encararlas. El músculo más importante a ejercitar en este desafío es el de la creatividad, jugando con las formas y los contenidos de lo que nos convoca a cambiar. Lo que se promueve, en este sentido, es generar nuevas ideas que alcancen el suelo de la praxis y echen sus raíces para ser nutridas de lo que las sostiene, tanto en las luces como en las sombras....