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La rígida máscara de la identidad

 

Como ser más auténtico en la vida

La concreción de lo posible depende en una parte del azar, pero más que nada de un trabajo sobre sí mismo que no le incumbe a nadie más que a quien lo efectúa. La mayor parte de esta labor sienta sus bases en nuestra predisposición para con el cambio, la cual nos permite estar abiertos a lo nuevo, a lo que no encaja y se nos presenta como una oportunidad para crecer. No es un mero “voluntarismo” el que se propone; es un reenfoque de nuestra mirada frente a los condicionamientos que sabotean nuestro bienestar.

Desde la incomodidad que nos provoca nuestra situación actual, varias son las opciones y variadas son las formas de encararlas. El músculo más importante a ejercitar en este desafío es el de la creatividad, jugando con las formas y los contenidos de lo que nos convoca a cambiar. Lo que se promueve, en este sentido, es generar nuevas ideas que alcancen el suelo de la praxis y echen sus raíces para ser nutridas de lo que las sostiene, tanto en las luces como en las sombras.

Frente a la rigidez de las costumbres, existe una salida de emergencia hacia nuevos desafíos que nos mantengan en competencia. Pequeñas grandes batallas que nos provocan la adrenalina de sentir que estamos vivos y haciendo algo que vale la pena. Combinar nuestros anhelos de forma creativa, nos abre las puertas para jugar en un terreno desconocido, desplegando nuestro potencial a medida que vamos entrando en confianza con lo que otrora creíamos imposible.

Una parte de las propuestas para este cambio de mentalidad, reposa en despojarnos de todas las exigencias internas y externas. De este modo es que podemos darle un lugar a la esencia de lo que nos da vida en ese momento. Una vida en continuo movimiento que jamás se estanca. Luego, la tarea es retornar a lo fáctico nutridos de esa esencia que se materializa en las circunstancias de nuestra vida cotidiana. Por eso mismo es un ejercicio que nos incumbe exclusivamente a nosotros en cuanto a que somos los únicos que tenemos la clave secreta para acceder a nuestro fuero más íntimo; es allí donde se encuentran las sensaciones intransmisibles que exceden nuestra capacidad de significarlas.

No obstante, lo antedicho no implica un aislamiento de los afectos que nos rodean. En este punto es fundamental valorar las buenas compañías para cargarnos de esa “buena vibra” que nos compele a tomar la iniciativa durante nuestro “proceso de purificación mental”, por llamarlo de alguna manera. Y esa purificación, reitero, se inicia en lo abstracto para materializarse en ciertos aspectos prácticos de nuestro tránsito cotidiano.

Ahora bien, ¿cómo sería posible iniciar este proceso de purificación? El psicoanálisis podría darnos una guía al respecto. Hablar de lo que creemos que somos es también darnos cuenta de que aquello a lo que tememos, es lo opuesto a la imagen que forjamos de nuestra identidad. El miedo a perder lo que somos, a la despersonalización, es la madre de todos los miedos; una alusión indirecta a nuestra aprensión hacia la muerte. En el fondo es algo más que eso. Es el temor a dejar de existir lo que nos espanta de ella.

A partir de esta deconstrucción identitaria, varios son los frentes que se nos abren para tener una existencia mejor: una buena alimentación adecuada a nuestras necesidades nutricionales, descansar lo necesario, hacer algún tipo de actividad física, gestar un espacio que nos permita disfrutar de nuestro tiempo libre (solos y/o con otros) y, en lo posible, unir lo que nos apasiona con lo laboral. Pueden ser muchas cosas más. Tampoco es necesario hacer una checklist para cumplir a rajatabla con todos estos requerimientos. No es un recetario. Al contrario, es una invitación a identificar los puntos fuertes y débiles que nos permitirán realizar los cambios necesarios; cambios que nos allanarán el camino para vivir la vida desde una posición más auténtica.

Frente a este juego que se nos propone, la única regla es la de mantenerse en competencia, saboreando las victorias y aprendiendo de las derrotas. Atrevernos a conocer los miedos que cuestionan aquello que creemos que somos, es un tránsito que el psicoanálisis nos invita a emprender en aras de navegar en nuestro deseo sin ocultarnos tras la rígida máscara de la identidad. 

 

Los saluda,

 

Lic. Agustín Sartuqui


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