Ir al contenido principal

Sigue a Zanamentes y recibe en forma gratuita todas las novedades en tu correo electrónico

Transitar el tiempo de una manera distinta

 

Como disfrutar del paso del tiempo


¿Qué es lo que pasa por nuestra mente cuando sentimos que estamos en deuda con las metas que diagramamos en nuestra juventud? ¿Resulta haber un tiempo indicado para hacer las cosas? ¿O nos estamos excusando con la edad para no darle vida a nuestro proyecto?

En lo personal, creo que los propósitos que nos planteamos en la vida tienen dos dimensiones. Una dimensión es la objetiva, la que nos permite ver y palpar nuestro deseo hecho realidad y exteriorizado frente a los demás. La otra es la subjetiva, más relacionada con la abstracción del deseo, es decir, con la esencia de un anhelo profundo que se puede plasmar en forma concreta de varias maneras.

Por ejemplo, la necesidad de ser amado puede ser el correlato subjetivo del inicio de una nueva relación sentimental, del reencuentro con un amigo que nos hace bien, o de adentrarnos en un viaje de placer junto a nuestros seres queridos.

Como se verá, cuando tomamos el lado objetivo como única opción, nuestra estrechez mental no nos permite ver todo el espectro de las opciones vigentes que, en realidad, son las opciones manifiestas de un anhelo más profundo.

Es en este punto donde hago énfasis en la edad y en los años que sentimos que “se nos van” cada vez más rápido y con una monotonía que ya no nos sorprende. Los años, según cómo sean concebidos, pueden ser un punto a favor o un vendaval que se nos viene en contra. En este último caso, la edad se nos plantea como una excusa, un pretexto que nos ciega frente a esa gran variedad de metas y sueños que nos siguen esperando pese al paso de los años y a los impedimentos físicos que ellos pueden acarrear.

Considero que la clave se halla en transitar el tiempo de una manera distinta. Conectarnos con el tiempo interior que nos habita en lugar de medirlo como si fuese una línea recta que avanza en un solo sentido, nos relaja frente a las exigencias que nos plantea la razón. Cuando de tiempo hablamos, importa más la calidad que la cantidad. Por eso mismo, como afirmé en una publicación anterior, encarar nuestra vida contrariando las agujas del reloj, nos da la flexibilidad que necesitamos para eternizar los instantes que se nos hacen placenteros.

Y es allí donde un instante puede cambiarnos nuestra vida interior, dándonos un momento de felicidad mayor al que pudimos vivir en todos los últimos años juntos, en los cuales resonaban con mayor fuerza los lamentos por lo que fue y ya no volverá.

En realidad, lo que deberíamos mantener es la oportunidad de no dejar pasar las oportunidades. Corriendo, caminando, con muletas o en brazos de alguien, tendremos un porvenir siempre y cuando nos mantengamos con la decisión de avanzar.

Vivir trascendiendo el sentido biológico nos da ese plus que necesitamos para no bajar los brazos en ninguna circunstancia. Estando vivos de verdad, podemos hacer cosas increíbles que quebrarán los barrotes de la celda que construimos con la razón. Desde este punto de vista, el anhelo profundo e inconsciente está ahí, esperándonos para ponerlo en práctica.

Otra vez se presenta la creatividad como ese botón de emergencia frente al pesimismo que la cultura de lo descartable les propone a los jóvenes de ayer. Por el contrario, los años que ellos llevan en la piel son una fuente de sabiduría que guarda el secreto de valorar lo que realmente importa en la vida. Desde sus años vividos, estas personas tienen el privilegio de llevar en sus manos un pasado que los enriquece para vivir en plenitud el presente y proyectar sus anhelos hacia un porvenir donde lo material pasa a un segundo plano.

La mirada hacia la vejez que se propone a estas alturas de la civilización, es la de ver a nuestros adultos mayores como un sector de la población que consume menos que la sección joven. Pareciera ser que el término “viejo” es una mala palabra; algo prescindible y desechable. Pero el sistema no se da cuenta de que ellos no necesitan consumir grandes cosas para ser felices. Más bien, lo que se les aparece como lo más importante está en otro lado: lo que permanece y crece sin deteriorarse con el paso del tiempo.

 

Los saluda,

 

Lic. Agustín Sartuqui

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dejarnos interpelar por lo que emerge

En el continuo ejercicio de la técnica humana, solemos olvidar que estamos sujetos a las iniciativas, proyectos e ideas que sobrepasan lo que la rutina nos demanda. En el instante en que acusamos recibo de nuestro deseo, adviene a nuestro ser esa necesidad imperiosa de salirnos de la caja mental que nos moldea, abriendo otros caminos que le dan paso a nuestra singularidad. Trascender lo cotidiano, es crear nuevos mundos con el afán de alojar ese excedente de vida que nos hace vibrar, y que nos mueve a actuar con determinación en los tiempos de crisis. En ese contexto, no sería sorpresivo que los espacios de siempre nos queden chicos, y que necesitemos ampliar nuestro campo perceptual para mirar más allá en la geografía de nuestro mundo interior. “Salirnos de la caja”, es también dejar la seguridad de lo conocido y aceptar esa cuota de incertidumbre que todo cambio acarrea. Al tomar esta decisión, estaremos abiertos para disfrutar de un proceso que se hace placentero en sí, y cuyo resul

Las verdades que damos por ciertas

Si supiéramos qué es todo aquello que nos moviliza a transitar nuestra existencia desde la fluidez, ¿seríamos más plenos? Si tomáramos conocimiento del dial que nos mantiene en la frecuencia del disfrute, conectándonos con los umbrales imperceptibles de nuestro ser, ¿estaríamos en mejores condiciones para afrontar las vicisitudes de la vida, desplegando en forma artera nuestro potencial? En definitiva, ¿alcanza con saber? Veamos. Si decimos que el saber se define como todo aquello que es articulado con el recurso de la palabra, un desenlace derivado del “músculo de la razón”, estaríamos siendo injustos con nuestra vasta capacidad de enarbolar una certeza que trascienda los límites de lo discursivo; donde las palabras se detienen y comienza una nueva experiencia.  En la tolerancia de nuestro no-saber, podemos desandar el camino de las explicaciones habladas y toparnos con el abismo que se nos abre en la esfera de la intuición. Es un tipo de saber inefable que mana de las profundidades d

Encontrar un equilibrio inestable

En esta sociedad de la inmediatez y la exigencia constante, son muchos los vectores que apuntan en nuestra dirección y nos demandan una respuesta que excede nuestra capacidad de resolución inmediata. Caminamos sobre una línea delgada entre la perfección y el fracaso, sin tener en cuenta que en el intermedio existen alternativas que nos ubican en un equilibrio inestable, de esos que necesitan de un continuo movimiento para mantenernos de pie. Parar la pelota y reflexionar sobre lo que nos pasa, es ubicar las cosas en su lugar. Dentro de este lugar que nos arrasa, hacernos un espacio es imprescindible. Si bien tal acto tiene sus costos, cuanto más lo demoremos, más fuertemente aparecerá esa pregunta que nos invita al cambio de sitio. Lo hará en forma intempestiva y cobrándose los intereses que nos demanda el paso del tiempo.  Por otro lado, no se trata de estar sólo a la defensiva. También podemos visualizar nuestro futuro, por más que el pasado y el presente nos inviten a lo contrario.