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Lic. Agustín Sartuqui

No hay mal que por bien no venga

En nuestro infinito mundo interior, suele generarse un debate sobre qué es lo que tenemos que hacer para ser mejores personas, pensando y obrando como creemos que es debido hacerlo. No obstante, si bien hacemos todos los “deberes”, aun así no sentimos la satisfacción de estar aportando algo genuino a los demás. Frente a los reiterados “fracasos”, nos preguntamos en qué estamos fallando para corregirnos y redoblar nuestros esfuerzos. Es así que esperamos una recompensa, fabricando un prototipo de persona moralmente “buena” que nos permita expiar nuestra culpa por las acciones del pasado. Esta mirada utilitaria, nos desvía de aquello que nos permite cambiar las cosas de raíz, para ser y estar afirmados en nuestra esencia. La verdadera pregunta, el quid de la cuestión, reposa en plantearnos qué es lo que podemos aportar para generar una reestructuración de nuestra realidad de un modo auténtico, haciendo caso a lo que nos convoca, nos apasiona, y nos motiva a dar lo que somos y l...

Burlarse de las restricciones mentales

  Un tema de actualidad que está muy presente entre nosotros, y que no siempre adquiere la visibilidad que se merece, es la epidemia de las “enfermedades” mentales ligadas al contexto de pandemia. En una situación donde se combate lo físico con la artillería de las ciencias médicas, lo mental adquiere un status secundario y relativo que sólo es abordado cuando la intervención se hace inminente e impostergable. Claramente, las medidas gubernamentales implementadas para combatir la propagación del virus, en su formato de cuarentena, han tenido profundas incidencias en la salud mental de gran parte de la población a nivel mundial. Paradójicamente, es muy probable que sea luego de las restricciones sanitarias - la llamada “vuelta a la normalidad” -  cuando veamos en su máxima extensión los efectos que acarrea el confinamiento sobre la salud mental de la población. En este sentido, “solucionar” el aspecto somático no garantiza el cese de las consecuencias a través de...

La des-ilusión

Existen metas en la vida a las cuales nos aferramos con extrema fuerza, al punto de tomarlas como si fueran una especie de objetos-fetiche. Es así que en ellas nos representamos un anhelo de sosiego frente a los desafíos existenciales que se imponen.  A partir de una o varias metas, trazamos un horizonte que nos calma y nos abre un sendero predecible y transitable. En el fervor de lo planeado, seguimos los mandatos que nuestra conciencia vocifera, doblegando nuestra voluntad hacia un determinado punto del mapa.  En tal contexto, los sacrificios, postergaciones, renuncias y energías, se reducen a lo irrisorio comparados con la satisfacción que nos provoca levantar el trofeo de la conquista anhelada. Sin embargo, a la vuelta de la esquina, aguarda sigilosa la desilusión, esperando borrar de un “plumazo” nuestro propósito. En esas oportunidades en que el proyecto “se cae”, no sólo desaparece la meta, así también lo hace el camino que nos conduce hacia ella. El terreno se ag...

Una valoración que nos atraiga hacia la vida (nuestra vida)

¿Qué es lo que hacemos cuando todo parece ir mal? ¿Desde qué lugar nos situamos para evaluar nuestra vida? Segmentar la realidad en unidades más pequeñas, convierte a lo fáctico en un concepto mental que nos atrae o nos repele, según la valoración que le imprimamos en un determinado tiempo y espacio. Si bien las situaciones que nos atraviesan son diversas, no tenemos que olvidar que son sólo hechos que no tienen un atributo moral per se. Es por medio de nuestro juicio que evaluamos el mundo circundante y sus elementos, basándonos en las estructuras previas que recibimos, construimos y reformulamos activamente desde nuestra infancia. Ahora bien, los valores cambian entre culturas, de persona en persona, y también en un mismo individuo. Existe una infinita gama de factores históricos, sociales, contextuales, fisiológicos y psicológicos al momento de seleccionar, en nuestra percepción, un determinado espectro del mundo externo en aras de evaluarlo de una u otra manera. Por ejemplo...

Cuando pase el temblor

Dentro del amplio abanico de experiencias positivas y negativas, aquellos sacudones que más resuenan en nuestro interior, son pasibles de causar un sismo que traspasa nuestra frontera psíquica y corporal. Movimientos que se trasladan a nuestro medio circundante, provocando un caos en nuestra esfera personal y relacional. En ese temblor, no tenemos otra meta más que sobrevivir. Mediante actos reflejos, buscamos atravesar ese dolor que nos excede, con el único anhelo de pisar tierra firme. El pedido de auxilio quizás recaiga en personas y lugares conocidos que, de una u otra manera, forman parte del problema y no de la solución. Por el contrario, puede ocurrir que elijamos a sabiendas cerrar los ojos para subsistir, sin mirarnos ni mirar lo que nos rodea. En ambos casos, para evadirnos del yugo de lo intolerable, abrazamos el “todo vale” y, bajo esta lógica, nos servimos de viejos relatos o palabras vacías para afrontar nuevas historias. La repetición de lo conocido – o la evasión ...

Operar por capas

Hoy quiero explayarme sobre algo que llamo “operar en capas”. Muchos de nosotros experimentamos un sentimiento de impotencia al no poder expresar lo que “somos” frente a los demás. Entablamos relaciones, sí, pero desde una superficialidad que obstaculiza el darnos a conocer “verdaderamente”. En el silencio del pensamiento, nos reprochamos “ser de tal o cual manera”, y nos encontramos impedidos de entablar una conexión íntima con el otro. En este contexto, pienso que operar por capas es partir de la superficie hacia el núcleo de nuestro ser. Este último es un lugar ideal, puesto que los ideales, más que hechos en sí que figuran un objeto fijo (el núcleo), son el motor y la brújula que orientan nuestro deseo. Un ideal se puede plasmar en cuanto meta, pero no de la misma manera en que lo concebimos inicialmente. Lo afirmado en el post anterior en cuanto a los recuerdos, es válido también para nuestras proyecciones futuras. Y es que el lenguaje hace sus interjuegos a lo largo del tiempo,...

El cambio contradictorio

En la confrontación cotidiana con nosotros mismos, surgen diversas posturas encontradas. Constantemente evaluamos distintos escenarios dentro de un espectro posible, el cual adquiere su relieve de acuerdo a nuestros intereses, y a las disposiciones físicas y anímicas que presentamos en ese momento. Es así que no siempre guardamos coherencia en nuestro pensar y actuar. Más o menos ordenada, más o menos caótica, nuestra mente inquieta es un almácigo de emociones y pensamientos que se conectan y desconectan, que se corporizan o transforman en acto (voluntario e involuntario), y que a veces nos interpelan desde más allá del umbral de nuestra conciencia. Dentro de este panorama, es posible que no nos veamos reflejados en lo que somos, y que necesitemos cambiar para resolver, en una síntesis dialéctica, las contrariedades que nos acechan.   En este sentido, soy partidario de afirmar que la contradicción es parte del ser humano. El cambio contradictorio es lo que nos permite evoluci...